¿Te has encontrado alguna vez frente a una estantería del supermercado comparando dos productos y sin saber cuál elegir? ¿Te fijas en los “sin azúcar”, “0 %” o “light”, pero no tienes claro qué significan realmente?
Si tienes diabetes, prediabetes o resistencia a la insulina, aprender a interpretar una etiqueta nutricional puede ayudarte a tomar decisiones con más información, pero no necesitas convertir cada compra en un examen de nutrición.
En este artículo vamos a ver qué información merece la pena mirar, dónde encontrar los hidratos de carbono, qué significa realmente “de los cuales azúcares” y por qué la lista de ingredientes puede darte pistas que el frontal del envase no cuenta.
Si tienes diabetes, prediabetes o resistencia a la insulina y quieres aprender a interpretar tus propias etiquetas y organizar tu alimentación con criterio, en UNNA Nutrición puedes trabajar con una nutricionista online que adapte las pautas a tu tratamiento, tus horarios y tu vida real.
¿Por qué es importante leer las etiquetas si tienes diabetes?
Cuando hablamos de alimentación y diabetes, uno de los aspectos que puede ser útil conocer es la cantidad y el tipo de hidratos de carbono que aporta un alimento.
Los hidratos de carbono incluyen los azúcares, pero también los almidones presentes, por ejemplo, en cereales, pan, pasta, arroz, patata o legumbres. Todos ellos pueden influir en la glucemia.
Esto no significa que tengas que eliminar los hidratos de carbono.
De hecho, pueden formar parte perfectamente de una alimentación saludable en personas con diabetes. La cuestión está en qué alimentos los aportan, en qué cantidad y con qué otros alimentos los combinamos.
Por eso, aprender a leer una etiqueta puede ser una herramienta práctica para conocer mejor lo que estás comprando.
Lo primero: no te quedes solo con el frontal del envase
Los envases están llenos de mensajes que llaman nuestra atención:
- “Sin azúcares añadidos”.
- “0 %”.
- “Light”.
- “Fuente de fibra”.
- “Alto en proteínas”.
- “Natural”.
- “Sin azúcar”.
Pero estos mensajes no sustituyen a la información nutricional ni a la lista de ingredientes.
Un alimento puede llevar un reclamo atractivo en la parte delantera y, aun así, tener una composición que no sea especialmente interesante para ti.
Por eso, cuando quieras comparar dos productos similares, dale la vuelta al envase. Ahí encontrarás información mucho más útil.
1. Mira los hidratos de carbono
Esta es una de las primeras cifras que merece la pena localizar si tienes diabetes.
En la información nutricional aparecerá normalmente como: Hidratos de carbono: X g
Y debajo: de los cuales azúcares: X g
Aquí hay una diferencia importante. Los hidratos de carbono totales incluyen diferentes tipos de hidratos, entre ellos los azúcares y los almidones.
Por ejemplo, un alimento puede contener hidratos procedentes de cereales, almidones y azúcares. Por eso, si solo miramos la línea de “azúcares”, podemos estar perdiendo información importante sobre el contenido total de hidratos.
¿Y qué significa “de los cuales azúcares”?
Indica qué cantidad de los hidratos de carbono totales corresponde a azúcares. Y aquí aparece una confusión muy habitual:
“Azúcares” no significa necesariamente “azúcar añadido”.
Por ejemplo, la leche contiene lactosa, un azúcar que está presente de forma natural. La fruta contiene azúcares naturalmente presentes.
Por eso, no debemos interpretar automáticamente que un alimento con azúcares es un alimento “malo” o que hay que eliminarlo.
Lo importante es conocer de dónde proceden esos azúcares y cuál es el conjunto del alimento.
2. La lista de ingredientes cuenta más de lo que parece
Si quieres saber qué contiene realmente un producto, no te quedes únicamente con la tabla nutricional. Mira también la lista de ingredientes.

Los ingredientes aparecen ordenados de mayor a menor cantidad. Es decir, los primeros ingredientes son los que están presentes en mayor proporción. Esto puede resultar especialmente útil cuando queremos identificar azúcares añadidos.
No siempre aparecen escritos simplemente como “azúcar”. Podemos encontrarnos ingredientes como:
concentrados de zumo.
azúcar.
jarabes.
miel.
melaza.
glucosa.
fructosa.
dextrosa.
sacarosa.
Que un ingrediente aparezca en la lista no significa automáticamente que el producto sea inadecuado. La clave está en la cantidad, el tipo de alimento y el contexto de la alimentación completa.
3. “Sin azúcar” no significa necesariamente “mejor”
Este es uno de los mensajes que más puede confundir.
Un producto etiquetado como “sin azúcar” puede ser una alternativa útil en determinadas situaciones, pero eso no significa automáticamente que sea más nutritivo o que debamos consumirlo habitualmente.
Por ejemplo, algunos productos pueden sustituir el azúcar por edulcorantes u otros ingredientes para conseguir un sabor o una textura determinados.
Además, que un alimento tenga poco azúcar no nos dice nada por sí solo sobre su cantidad de fibra, proteína, grasas, sal o grado de procesamiento.
Por eso, no busques únicamente una cifra mágica. Mira el alimento en conjunto.
4. La fibra también importa
Cuando compares productos similares, la fibra puede ser otro dato interesante.
La fibra forma parte de los alimentos vegetales y, en general, una alimentación rica en alimentos que aportan fibra se asocia con beneficios para la salud.
Además, cuando hablamos de hidratos de carbono, no todos los alimentos tienen el mismo efecto sobre la glucemia. La composición global de la comida, incluyendo la presencia de fibra, proteína y grasa, puede influir en la respuesta glucémica.
Presta especial atención a los alimentos con alto contenido de fibra. Busca alimentos con 6 o más gramos de fibra/100 g o 3 g/100 kcal.
Por eso, no es lo mismo tomar un alimento rico en hidratos de carbono de forma aislada que integrarlo dentro de una comida equilibrada.
5. No olvides el tamaño de la ración
Aquí tenemos otra pequeña “trampa” de las etiquetas. La información nutricional puede aparecer: Por 100 g o 100 ml y también: por ración.
El problema es que la ración que aparece en el envase no tiene por qué coincidir con la cantidad que tú vas a comer. Valora cuánta cantidad vas a tomar de ese producto, por ejemplo, una tableta de chocolate negro del 70% cacao tiene unos 29 g de azúcar por cada 100g, lo que es bastante, pero si te vas a comer un cuadrito de 10 g al día, eso son menos de 3 g de azúcar, que es menos que los 20 g que contienen algunos yogures desnatados que parecen muy saludables. .
En ese caso, los nutrientes que realmente estás tomando serán aproximadamente el doble.
Por eso, cuando compares dos productos, la información por 100 g suele ser especialmente útil para compararlos entre sí.
6. Un ejemplo práctico: ¿qué mirarías en un yogur?
Imagina que estás comparando dos yogures.
Uno indica:
- Hidratos de carbono: 8 g
- De los cuales azúcares: 8 g
Y el otro:
- Hidratos de carbono: 4 g
- De los cuales azúcares: 4 g
¿Significa automáticamente que el segundo es mejor? No necesariamente.
Antes de decidir, habría que mirar qué tipo de yogur es, qué ingredientes contiene, cuánto aporta por 100 g, si contiene proteína, qué tamaño tiene la ración y qué papel va a desempeñar dentro de tu alimentación.
Además, en un yogur natural los azúcares pueden proceder de la lactosa, que está presente de forma natural en la leche.
Por eso, mirar únicamente la cifra de “azúcares” puede llevarnos a conclusiones equivocadas.
7. ¿Y qué ocurre con el pan, los cereales o las galletas?
Aquí es especialmente importante fijarse en los hidratos de carbono totales, la fibra y los ingredientes.
Por ejemplo, dos panes pueden tener cantidades similares de hidratos de carbono, pero presentar diferencias en su composición y en la cantidad de fibra.
Lo mismo ocurre con los cereales de desayuno. Un envase puede destacar que contiene fibra o que está elaborado con cereales, pero si entre los primeros ingredientes aparecen diferentes fuentes de azúcares añadidos, merece la pena tenerlo en cuenta.
Y con las galletas ocurre algo parecido: que sean “integrales”, “sin azúcar” o “con avena” no convierte automáticamente el producto en una opción para consumir sin límite.
La etiqueta sirve para conocer el producto, no para poner etiquetas morales a los alimentos.
8. ¿Qué alimentos pueden esconder azúcares añadidos?
Cuando hablamos de “azúcares ocultos”, no significa que el fabricante esté necesariamente intentando esconderlos. Muchas veces simplemente aparecen bajo diferentes nombres dentro de la lista de ingredientes.
Además, hay alimentos que no asociamos inmediatamente con el sabor dulce y que pueden contener azúcares añadidos.
Por ejemplo:
- Algunas salsas de tomate.
- Kétchup.
- Salsas para ensalada.
- Cereales de desayuno.
- Granolas.
- Barritas.
- Yogures saborizados.
- Bebidas vegetales saborizadas.
- Bebidas deportivas o energéticas.
- Algunos productos preparados.
9. No necesitas eliminar todos los alimentos con azúcar
Esta es probablemente una de las ideas más importantes del artículo. Tener diabetes no significa que tengas que vivir evitando cualquier alimento que contenga azúcar.
La alimentación debe adaptarse a cada persona, a su tratamiento, sus necesidades, sus horarios, sus preferencias y su situación clínica.
Además, un alimento que contiene azúcar naturalmente no es equivalente a un producto ultraprocesado al que se ha añadido azúcar.
Por ejemplo, una fruta contiene azúcares naturales, pero también aporta fibra, agua, vitaminas y otros nutrientes.
Por eso, en lugar de pensar: “Tiene azúcar → no puedo comerlo”.
Podemos aprender a pensar: “¿Qué aporta este alimento y cómo encaja en mi alimentación?”
Ese cambio puede ayudarnos a alejarnos de una alimentación basada en prohibiciones.
Una forma sencilla de leer una etiqueta en 30 segundos
Si estás en el supermercado y no quieres pasar cinco minutos delante de cada envase, puedes seguir este orden:
1. Mira qué alimento tienes delante
¿Es un yogur, un pan, una salsa, un cereal, una bebida…?
2. Comprueba los hidratos de carbono
Especialmente si necesitas controlar o contabilizar los hidratos por indicación de tu equipo sanitario.
3. Mira “de los cuales azúcares”
Recuerda que aquí aparecen tanto azúcares naturalmente presentes como añadidos.
Tanto en adultos como en niños, la OMS recomienda reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta. Es decir, que tenga menos de 10 g de azúcares por cada 100 g de producto.
La OMS sugiere que se reduzca aún más la ingesta de azúcares libres a menos del 5% de la ingesta. Es decir, que tenga menos de 5 g de azúcares por cada 100 g de producto.
4. Lee los ingredientes
Sobre todo los primeros de la lista y la presencia de diferentes fuentes de azúcar añadido.
5. Comprueba la fibra
Puede ayudarte a comparar productos similares.
6. Comprueba la cantidad que realmente vas a consumir
No confundas la ración indicada por el fabricante con tu ración habitual.
Y, sobre todo, no conviertas la etiqueta en una herramienta para sentir culpa por lo que comes.
¿Tengo que contar hidratos de carbono?
No todas las personas con diabetes necesitan contar hidratos de carbono de la misma manera.
En algunas personas, especialmente quienes utilizan determinadas pautas de insulina en las comidas, el recuento de hidratos puede formar parte del manejo de la diabetes.
En otras situaciones, puede ser suficiente trabajar con una estructura de comidas equilibradas y aprender a reconocer las principales fuentes de hidratos.
Por eso, si tienes diabetes y no sabes si necesitas contar hidratos, lo recomendable es individualizarlo con tu equipo sanitario.
No necesitas empezar a pesar y registrar absolutamente todo lo que comes por tu cuenta.
Más allá de la etiqueta: importa el conjunto de tu comida

Una alimentación adecuada para una persona con diabetes no se construye únicamente escogiendo productos con menos azúcar.
También importa cómo organizamos nuestras comidas.
Una estrategia sencilla puede ser utilizar el método del plato: incluir una buena proporción de verduras, una fuente de proteína y una fuente de hidratos de carbono, adaptando las cantidades a las necesidades individuales. El CDC recoge este enfoque como una herramienta para simplificar la planificación de comidas en diabetes.
Por ejemplo:
🥦 Verduras + 🍗 proteína + 🍚 hidrato de carbono + 🫒 grasa saludable
Podría ser:
- Calabacín y pimiento.
- Pollo.
- Patata.
- Aceite de oliva virgen extra.
- Agua como bebida.
No hace falta que todas tus comidas sean perfectas. Lo importante es aprender a construir una alimentación que puedas mantener en tu día a día.
Entonces, ¿qué deberías recordar cuando vuelvas al supermercado?
Si tienes diabetes, aprender a leer las etiquetas puede darte autonomía y ayudarte a comparar productos. Pero no necesitas obsesionarte con cada número.
Quédate con estas 5 ideas:

1. Mira los hidratos de carbono totales, no solamente los azúcares.
2. Recuerda que “de los cuales azúcares” incluye azúcares naturalmente presentes y añadidos.
3. Lee la lista de ingredientes para conocer mejor la composición del producto.
4. Comprueba la fibra y el tamaño de la ración.
5. Valora siempre el alimento dentro del conjunto de tu alimentación.
La etiqueta es una herramienta. No es un examen que tengas que aprobar cada vez que haces la compra.
Comer mejor no significa tener miedo a los alimentos
Si tienes diabetes, es normal que al principio toda esta información pueda parecer abrumadora. Hidratos, azúcares, fibra, raciones, ingredientes, edulcorantes…
Pero aprender sobre alimentación no debería hacer que tengas cada vez más miedo a comer.
El objetivo es justo el contrario: que entiendas mejor lo que haces para poder tomar decisiones con más tranquilidad y autonomía.
Y recuerda que no todos necesitamos las mismas estrategias. Si tienes diabetes, prediabetes o resistencia a la insulina y no sabes cómo organizar tu alimentación en tu día a día, en UNNA Nutrición podemos ayudarte a adaptar la alimentación a tus necesidades, tus horarios y tu vida real.
Porque cuidar tu salud metabólica no consiste en comer perfecto. Consiste en encontrar una forma de alimentarte que puedas mantener y que tenga sentido para ti.



